viernes, 12 de abril de 2013

Fe de etarras


Es cosa sabida por cualquiera que se dignara a pasarse en su momento por una de las asambleas del 15M que los debates sobre qué es y qué no es violencia tendían a alargarse ad eternum y, por consiguiente, terminaban sin consenso, aunque siempre con la rara satisfacción de haber tenido la oportunidad de expresarte sin haber sido juzgado y, ojo al dato, de haber sido escuchado por gente que quizás no comparta tu punto de vista. Pero las asambleas del 15M eran eso: asambleas. Reuniones de gente que pretendía realizar grandes cambios sin ningún medio más que el clamor popular (que dices “pues oye, como que ya debería bastar”, pues no). Fuera del 15M sólo somos personas con más o menos ganar de dar un vuelco a la situación en la que nos vemos sometidos, algunos estábamos de acuerdo con la premisa de que cualquier molestia, por mínima que fuera, a las estructuras del estado eran un ejercicio violento y otros estábamos de acuerdo con que tirar globos con pintura a los diputados a la salida del Parlament era sólo una forma muy bonita de no tirar piedras.

Cosa nuestra es, pues, evaluar y juzgar lo que nos parece o no una línea roja. Hay gente convencida de que los escraches que se están llevando a cabo contra cargos públicos favorables a la precaria situación de desesperación hipotecaria que vivimos es un ejercicio que vulnera los derechos humanos de dichos cargos. No voy a entrar en ese debate, entre otras cosas, porque creo que mi postura es de sobra conocida. Sí voy a entrar, no obstante, al trapo con ciertas declaraciones de cierta Delegada del Gobierno en Madrid, que vinculó a la Plataforma de Afectados por la Hipoteca con ideales proetarras a causa de que una PAH del País Vasco acudió en apoyo a una manifestación en favor del acercamiento de presos (causa que me parece totalmente loable, por otra parte, que el crimen de alguien tenga o no que ver con ideales políticos o con una u otra organización no tendría que ser constitutivo de exclusión por parte del sistema judicial ni debería causar un trato especial en los centros penitenciarios, ni Rato en una celda de lujo ni Josu Ternera en una cárcel a tomar por culo). Se ha tachado de fascista el escrache, se ha tachado de violento, se ha pretendido que sea constitutivo de delito y se ha ordenado a los cuerpos policiales la identificación de cualquier ciudadano que participe en uno de estos actos pacíficos que no hacen más que acercar la definición del problema  al causante del mismo o a aquel que no quiere ponerle solución aunque podría hacerlo. Ahí sí que entro, porque creo que la estrategia de la criminalización, a estas alturas, puede resultar peligrosa para según qué estratos sociales muy bien ubicados y con el fantasma de ETA siempre en la punta de la lengua.

Vivimos en un estado presuntamente democrático. Esto debería significar que tenemos derecho a elegir representantes y a despedirlos si no cumplen con lo que han prometido. Harto sabido es que esto no es así, que tenemos que contentarnos con cuatro malas opciones de las cuales sólo dos tienen probabilidades de llegar al poder y que en cuanto llegan a ostentarlo, se pasan por el arrugado forro de sus partes impúdicas todo lo que nos habían prometido para beneficiar a los que realmente mandan que son, ni más ni menos y por casualidad (no quisiera ser malpensado e insinuar que existe algún tipo de vínculo entre una cosa y otra) los que también controlan el dinero. Esto significa que la gente, los ciudadanos de a pie, estamos en un continuo y creciente cabreo que, a estas alturas ya, ni el fútbol acaba de mitigar, con lo que ha sido este país en lo que a esa materia se refiere. También tenemos cada vez menos que perder y, por tanto, cada vez más motivos para salir a la calle a pedir lo que es nuestro. Las sentadas están bien, si sirven para algo. Las concentraciones están bien, si llaman realmente la atención. Las manifestaciones molan, si alguien se da por aludido. Las caceroladas hacen mucho ruido si alguien las escucha. Ante la incapacidad para expresarnos, acabamos recurriendo al siguiente paso, para probar suerte, aunque con cada vez menos esperanza y, por tanto, más frustración y rabia.

Hace algún tiempo se ilegalizó la resistencia pasiva, poniéndola a la misma altura que la violenta. Eso me hizo reflexionar mucho y llegué a la conclusión que si un policía me está golpeando sin motivo y por placer y para mí existen las mismas consecuencias legales al darle una flor que al aplastarle un ladrillo en la cabeza, puestos a elegir, pues tal vez acabe contentándome con la segunda, que por lo menos, manda un mensaje algo más contundente y no hace falta arrancar ninguna flor que tampoco ha hecho daño alguno.

Criminalizando el escrache van a conseguir algo semejante. Si pegar pegatinas y gritar ante la casa de González Pons va a tener las mismas consecuencias que joderle a pedradas sus ventanas, y puestos a elegir… Creo que estamos en un punto en que gran parte de la ciudadanía estaría dispuesta a entender ciertas medidas extremas.

Esto no quiere decir en ningún caso que yo sea favorable a ejercer la violencia contra nadie ni contra nada (aunque sigo sin entender por qué a estas alturas no hay un montón de picas con cabezas clavadas en ellas enfrente del Congreso de los Diputados), lo que quiere decir es que si nos llamáis terroristas y nos tratáis como a tales, tal vez al final la contención de esta ira, de esta rabia totalmente justificada no salga a cuenta. Y la gente que se dedica a mitigar las ansias de violencia de ciertos manifestantes para evitar esa criminalización, al ver que no importa si se ejerce o no la violencia para tacharlos de poco menos que de etarras (o de etarras directamente, qué diantres), no lo harán. Y no va a hacer falta que sean ellos los que incendien un ayuntamiento, simplemente van a dejar de hacer presión para que eso no sea así. Es por eso que quisiera lanzar una advertencia (que no amenaza) a aquellos políticos, periodistas o simplemente tontolhabas que tachan de terrorismo aquello que, en realidad, es la única fuerza que combate el auténtico terrorismo de estado ejercido en favor de la santa madre banca de que la paciencia del populacho tiene un límite. Importa el mensaje y por eso nos portamos bien, porque queremos que todo el mundo se sienta cómodo con nuestros métodos, porque la voluntad de la mayoría nos preocupa, porque somos la ciudadanía al completo, y no ciudadanos individuales los que estamos en contra de ciertas actitudes. En cuanto el pueblo se advierta a sí mismo como un terrorista, tal vez empiece a  actuar como tal. Y el escrache es, en definitiva, una cacerolada en la puerta de vuestras casas. Seguid comparándolo con la violencia y el terror y tal vez acabéis sintiendo el terror de la violencia.

No seré yo el que lo haga, desde luego, pero corréis el riesgo de que un día, un ciudadano parado al que acaban de desahuciar, al que el gobierno ha dado la espalda, al que la policía ha golpeado para sacarlo a rastras de su casa, al que se le ha negado ayuda alguna para no tener que verse forzado a vivir bajo un puente, tenga que tomar una decisión desesperada y que, esta vez, no sea ahorcarse en un parque o quemarse a lo bonzo delante del ayuntamiento de su ciudad. Puede que, por una vez, la decisión de este ciudadano desesperado sea ubicar una bala en la sien de los responsables de su caída en desgracia. Y ese momento lo estáis forzando vosotros.

lunes, 11 de febrero de 2013

Yo sólo quiero hablar de mi polla


Soy un hombre, por dios, no puedes osar pedirme que no lo relativice todo basándome en el tamaño y forma de mi acomplejado pene. Es injusto que tú, hembra de mi misma especie, pretendas restar protagonismo al eje sobre el que gira mi vida desde mi más tierna infancia. No te equivoques, cuando nos encontrábamos y nos decíamos aquello de “si me enseñas lo tuyo te enseño lo mío”, en realidad sólo queríamos enseñar lo nuestro. Y recibir vuestra aprobación, tal que ahora.
¿Quieres follar? Claro, pero no porque me gustes muñeca, qué va, vamos a follar porque quiero oírte gemir de placer cuando te meta mi inmensa polla, quiero que me felicites, quiero, por favor, que se lo cuentes a tus amigas, que surja la leyenda del rabo que acabó con todas las guerras, del cipote mágico que te convirtió en princesa y te hizo surcar los cielos gracias al regalo, blanco y semilíquido que te otorgó a ti y sólo a ti. Cualquier otra cosa es inimaginable. ¿No te ha gustado? Eres una frígida. ¿Qué no me sé mover? Bueno, es que no lo voy a hacer todo yo. ¿Esperabas algo más que un aquí te pillo aquí te mato? Psé, bastante tengo yo regalándote mi gran mástil como para encima ponerme a comerte el coño. ¿Qué cuando te la metí ni siquiera lo notaste? Eso es porque tienes el coño gigante, puta. Lo único que sé es que quiero que me jalees el ego diciéndome lo maravilloso que ha sido, aunque no me vuelvas a llamar. Si no sé más de ti, sabré que es porque tienes miedo de, en caso de verme de nuevo, no poder evitar enamorarte de mí. Y de mi glorioso nardo, por supuesto.

Ah, espera, que quieres que hablemos de feminismo… Bueno, sé que mi opinión te va a resultar polémica, pero opino que las feministas son lo mismo que los machistas pero al revés. No, no, ya que lo preguntas no he leído a Simone de Beauboir, no sé quién es, pero si la sacas, por algo será. Seguro que odiaba a los hombres… Bollera seguro. Y gorda. Y fea. Porque de eso va todo, si estáis resentidas porque alguien como yo no ha querido plantar su mítica tranca en vuestro coño desaprovechado, os va a dar por escribir libros que no son más que manuales de autoayuda para no sentiros tan rechazadas por un mundo en el que se premia la belleza, y con razón. No me vengas de mujer apoderada, nena, porque no me lo creo, te gusta más chupar pollas que a un tonto un lápiz, si estás traumatizada y no lo quieres admitir es tu puto problema, pero no culpes a todo el género masculino de tus inseguridades. Si las mujeres queréis mandar, os lo curráis, como hemos hecho nosotros… La biología dice que es así, nosotros cazamos y vosotras nos coméis el miembro cuando llegamos a casa… O algo así era, tampoco presté mucha atención en ese seminario al que me invitó un colega con el que suelo ir de putas… ¿Disculpa? No, no, extranjeras siempre, que las de aquí cobran muy caro… No sé qué se habrán creído.

Pero vamos, que si lo que quieres es que hablemos de lo mal que os trata la sociedad, voy a ponerme a hablar de los equivalentes para mi género. No, no, no, no monopolices el tema, preciosa, porque voy a ir a la mía. Estoy harto ya que se hable de lo mal que estáis… Que si cobráis menos, que si se os discrimina laboralmente, que si no ocupáis puesto de poder… Bueno, ¿y qué carajo representa que le voy a hacer si yo no me voy a quedar preñado y joder el semestre a mi empresa? Egoístas, eso es lo que sois… No sé qué diantres pretendéis… Objeto sexual, dice… Francamente, eso es hilar muy fino… Lo dices como si no hubiera modelos masculinos, como si no hubiera revistas porno en las que sólo salen pollas… Claro… Es muy fácil decir que se os trata como objetos y luego vestirse como una auténtica furcia y esperar que se os diga lo bonitas que estáis, lo bien que os queda ese nuevo corte de pelo… Yo, yo, yo… Siempre se trata de ti… ¿Y mi nabo qué? ¿Quién habla de mi falo? Deberíamos hablar mucho más, joder, es lo más importante para mí, y no quisiera que se obviara… ¿Eh? Ah, perdona, es que ha pasado una pava con unas tetas que… Sí, y quería ver si tenía el culo igual de bien puesto… Fijo que con esa boca come cigalas como roscos…

Mira, guapa, podríamos ir a otro sitio más… Cómodo… No, no, pago yo, por supuesto, las cosas son así, ya sabes… Quedamos, pago la cena y luego se me permite correrme en tus tetas… Mira que sois putas, ¿eh? No, no, yo luego lo contaré, claro, no sea que mi proeza se quede sin reconocimiento… Yo no hago trabajar a mi entrepierna si no es para poder explicar luego que he pescado un pez así de grande… ¿Cómo? Ah, que te vas a casa… ¿Te llevo? Oh, te vas sola… ¿Y si…? Bueno, pues nada, ya te llamaré… ¿No hace falta? ¿Me llamarás tú a mí? ¿No? ¿Y eso? Oye, no es necesario faltar al respeto, que yo te he tratado muy bien todo este rato… En fin. ¿Ni dos besos me das? Bueno, tú sabrás, tía loca…

Yo me voy para casa, y me la menearé pensando en este escote que me llevas, so puta… Francamente, no sé por qué me esfuerzo en ligar con zorrones como tú… Luego diré igualmente que te me he follado como la perra que eres y, además… Ya estoy enamorado de mi majestuosa tranca.