
Desde finales del 2009 se ha masticado en este blog
un polémico post que escribí sobre el anticatalanismo, cada vez más patente en España; más tarde hice un post sobre algunos de los comentarios que había recibido y dejé pendiente uno sobre un megacomentario que dejó Luciérnago tocándome los huevecillos diciendo una sarta de gilipolleces. El comentario de Luciérnago no lo voy a responder, entre otras cosas porque me parece una soberana tontería meterme en estos fregaos meses después de que lo dejara (lo siento, perdiste tu minuto de gloria, macho), y entre otras porque me gustaré dejar el tema un poco zanjadito para no tener que volver a nombrarlo más (de no ser necesario). Vamos allá:
Supongo que todos habréis oído hablar en los medios de comunicación de todo el tema este de que el Tribunal Constitucional ha tachado un huevo de artículos del Estatut aprobado democráticamente (aunque fueran a votar el Carod Rovira, yo y dos perros muertos), dejando intacto, curiosamente, el que define el territorio catalán como nación, pero no me voy a centrar en eso... El día antes de que un montón de subnormales entre los que intuyo, vais a estar alguno de vosotros fieles lectores, se pusieran a dar brincos como mongolos dirigidos después de que unos cuantos millonarios ganaran 600.000€ más para comprarse un par de Ferraris y una mansión para su abuela ganando un torneo de algún deporte estúpido y los mismos primates que gritaron con el triunfo de esos analfabetos salieran a la calle con banderas nacionales a gritar "¡¡YO ZOY EPAÑOL, EPAÑOL, EPAÑOLLL!!" Haciendo parecer que, de nuevo, este país esperaba la aparición de un dictador al cual se recibía exactamente de la misma forma en las plazas de los pueblos, hubo una manifestación en Barcelona. Antes de que alguien pretenda desmentir nada de lo que diga voy a señalar que yo asistí a esa manifestación, así que estuve allí y sé de lo que hablo. Esa manifestación estaba dedicada, en un principio a protestar contra la injusta decisión del TC de censurar algunos párrafos del Estatut. Cuando llegué allí junto a Sònia, me encontré con algo muy distinto:
Más de un millón de catalanes y residentes en Cataluña estaban reclamando la independencia de España. En un principio debo decir (y aún me dura un poco) que me cabree y me sentí timado. Yo no había ido a eso y desde luego no iba a canturrear las consignas nacionalistas en contra de las cuales me posiciono, pero sin duda tengo que reconocer que eso podía conmover a cualquiera.
Pensad que en Cataluña hay algo más de ocho millones de habitantes, y en esa manifestación había entre 1.100.000 que dijo la policía y 1.500.000 que dijo la organización (bueno, y los 56.000 que dijeron los de Lince, una empresa que cobraba por contar a los asistentes que decidió tomar las fotos de referencia dos horas después de la hora a la que empezó la mani en el punto de inicio de ésta). Solo de imaginar que eso representaba más de una octava parte de los habitantes de mi comunidad se me hizo el culo pepsicola.

En este país hay una gran cantidad de idiotas que creen que la democracia es un sistema justo y que funciona (hablamos de un sistema que se sustenta en la parcialidad y en la falacia de que la mayoría tiene la razón) y que se declaran férreos defensores. Pues bien, pensad, garrulos, si en una manifestación en una ciudad (en sábado, con un calor de tres pares de cojones que te entraban ganas de salir pitando y meterte en un bar) se congrega tal cantidad de personas, imaginad lo que harían unas elecciones. Acojonados están, los defensores de la libertad y el sufragio...
Pero bueno, todo esto viene al tema de que continuamente sale el tema del nacionalismo catalán como una quimera a la que hay que eliminar, y aunque no falta parte de razón en esa afirmación (sigo creyendo que el nacionalismo es para los fachas y los borregos) sigo diciendo que no puede ser el trato que se le da a este fragmento de la geografía española.
En posts anteriores se ha hablado de geografía y de historia. A mí me la pela. Está muy bien conocer el pasado, pero eso no sirve de absolutamente nada excepto para lamentarse de los errores. Yo sé lo que pasa HOY y me interesa lo que va a pasar MAÑANA y eso es incondicional a cualquier situación dada hace dos, treinta, novecientos o tres mil millones de años. Yo lo que sé es que hoy, para una gran parte de la población de este país que, reconozcámoslo, es una puta mierda aunque nos hayan convencido de lo contrario, cree que si vienen de turismo a nuestra tierra no van a poder hablar su idioma (y el nuestro). Cataluña se enorgullece de ser bilingüe, es una de las enormes ventajas que tenemos en nuestra vida, joder, ojalá supiéramos hablar también euskera, aragonés, asturiano y gallego... Pero tened clara una cosa, si venís aquí y preguntáis en castellano, se os va a contestar en castellano. Luciérnago dice que a él le ha pasado lo contrario. Pues bien, te voy a decir que en tu querida Andalucía me han insultado por hablar en mi idioma, y en Madrid, y en Castilla León, y en Cantabria. Ya estoy hasta los cojones de que se discrimine a los inocentes por pecados que no han cometido. Pues te lo digo desde ya: a partir de ahora mi postura va a ser que en el resto de España se prohibe hablar catalán. ¿Cómo te quedas?

No se puede generalizar en ningún tema (bueno, podemos decir que todos los nazis son tontos del culo, pero eso no cuenta) y es de estúpidos crear un problema de un simple conflicto aislado. Esas personas que hablan en catalán cuando se les pregunta en castellano pueden responder a uno de los tres perfiles siguientes:
- No sabe hablar castellano.
- Es gilipollas y un mal educado.
- Está hasta los cojones de que en España de nos culpe de separatistas siendo ellos lo que nos distinguen del resto de las comunidades autónomas con términos ofensivos, con generalizaciones denigrantes y con tópico hirientes (y no me refiero al de que somos tacaños) y ha decidido que, ya que no ve una solución inminente al problema, independizarse por su cuenta y sudar de los españoles que vengan a visitarnos a nuestras tierras. Una posición que no comparto en absoluto, pero que podría llegar a comprender.
Un
imbécil me dejó un enlace a
su blog, titulado "POR QUE ODIAMOS A LOS CATALANES?", que encontré muy desagradable y tendencioso, así como falaz y digno de un aborto cerebral, y que os remito para que veáis a que clase de insultos y acusaciones tenemos que enfrentarnos en nuestro día a día y con los que tenemos que mordernos el labio.
Se nos ha acusado de levantar muros. Bien, no os equivoquéis, los muros los han levantado los comentarios negativos hacia problemas que antes no existían, os han levantado las falsas acusaciones, las estúpidas polémicas y las mentiras de los fascistas que el tumulto se cree sin dudar. Los han levantado los mass media, que difunden toda la mierda partidista que pueden y más, y las habéis levantado vosotros, pueblo, cerrando los ojos a una verdad que podéis comprobar visitándonos cuando queráis (excepto Luciérnago, que por lo visto se ha encontrado con todos los catalanes gilipuertas del censo).
Las fronteras están abiertas.
Ah, y una cosa más, lo comento porque Luciérnago lo decía en uno de sus comentarios y es algo que no puedo tolerar. Veréis, mi ciudad, hace muchos años se llamaba Lleida, no tenía ningún otro nombre, lo que pasa es que tras ganar una guerra civil, cierto tirano fascista decidió putear a aquellos que le habían dado guerra y cambió el nombre de la ciudad castellanizándolo, durante el tiempo que duró la dictadura, el nombre oficial de la ciudad fue Lérida, nombre que, dejó de existir, por suerte hace mucho tiempo y que se ha eliminado de los documentos oficiales (por mucho que la RAE se empeñe en lo contrario). Si me voy a Euskadi no diré que me voy a las Vascongadas, así que los que somos de aquí agradeceríamos que no se relacionara el nombre de nuestra ciudad con elementos fascistas. Yo vivo en Lleida, y si perpetuáis el nombre que nos dio el dictador no hacéis más que preservar su memoria. Soy consciente de que la mayoría no conocíais este dato, pero que sepáis que Lérida no es la forma de decir Lleida en castellano.
Culmino con un tema de Ixo Rai!, grupo aragonés, cantado en catalán de la Franja (que es el territorio aragonés en el que todavía se habla un catalán muy característico y que hacen gala de una actitud que todos deberíamos tener para con el otro: